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Comunicación

La comunicación como función cognitiva: mucho más que hablar

PorEquipo Factor Lúdico 11 de enero de 202627 de julio de 2026

Cuando piensas en comunicación, ¿qué es lo primero que viene a tú la cabeza? ¿Decir palabras, formar frases, expresar ideas, hablar claro? Todas son válidas, pero para cumplan con esta condición necesitan que en nuestro cerebro trabajen en equipo la memoria, la atención y las funciones ejecutivas. Te invitamos a leer este post y conocer más sobre este fabuloso trabajo en conjunto

La comunicación como función cognitiva, mucho más que hablar

Pero ¿por qué es clave entender este trabajo entre estas funciones cognitivas?

Porque una buena comunicación no depende solo de “hablar claro”, sino de cómo funciona nuestro cerebro a través de sus funciones cognitivas en su conjunto.

Comunicación y lenguaje: el punto de partida

A nadie le queda dudas sobre que el lenguaje es la herramienta principal que utilizamos para comunicarnos entre nosotros.

El lenguaje nos permite nombrar objetos, expresar emociones, contar historias o dar instrucciones. Pero hacerlo necesitamos del apoyo de otras funciones cognitivas para funcionar correctamente.

Por ejemplo, cuando conversamos, no solo elegimos palabras. También tenemos que comprender lo que la otra persona nos dice.

Para responder tenemos que organizar nuestras ideas, preparar el mensaje según el contexto y, por supuesto,  controlar nuestro impulso a interrumpir,  para esperar que la otra persona termine de hablar.

Ahora, todo esto ocurre en segundos y de forma casi automática, que nos cuesta percibir todas estas etapas que conformar el proceso que nos permite comunicarnos.

El rol de la memoria en la comunicación

¿Te imagina conversar con alguien y no recordar lo que hablan?

Sería bien terrible, porque partiríamos constantemente desde cero. La memoria nos permite recordar no solo sobre qué estamos conversando, también palabras que nos posibilitan armar las oraciones que requerimos para contestar, y su significado.

También las normas sociales que utilizamos en una conversación (por ejemplo, no interrumpir) y experiencias previas que nos aporten información para las respuestas.

En resumen, gracias a la memoria:

  • Recordamos el hilo de una conversación.
  • Reconocemos a la persona con la que hablamos.
  • Traemos a la mente información relevante para responder.
  • Aprendemos nuevas palabras y expresiones.

Por tal motivo, cuando nuestra memoria se ve afectada, por el envejecimiento normal (olvidos leves, lentitud al recordar), falta de sueño, estrés o por lesiones cerebrales la comunicación puede volverse más lenta, repetitiva o confusa.

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Atención y comunicación: estar realmente presentes

“¿Oye, estás colocando atención a lo que te digo?”

A quién no le han hecho esta pregunta. ¿Nos pasa de vez en cuando, que, al conversar con alguien, nuestra mente se va hacia otro lado y no prestamos atención a eso que no dijeron?

Ni que hablar de esa comunicación no verbal, como los gestos y tonos de voz, que a menudo son cruciales, ya que transmiten emociones, intenciones y credibilidad.

Y si estamos atento, podemos descubrir que el verdadero mensaje está ahí realmente.
Como vemos la atención es otra pieza clave para comunicarnos bien.

Paralelamente al trabajo de nuestra memoria, requerimos estar atentos, para así escuchar activamente, observar gestos, captar tonos de voz y detectar intenciones.

Entonces si la atención falla:

  • Nos distraemos fácilmente durante una conversación.
  • Perdemos información importante.
  • Respondemos fuera de contexto.
  • Mostramos desinterés sin quererlo

Y seamos honestos eso fastidia a cualquier interlocutor

Trabajar la atención, a nivel de comunicación, nos permitirá seguir conversaciones más largas, comprender mejor y responder adecuadamente.

En adultos mayores (y se aplica para todos) mantener la atención activa es esencial para preservar la participación social y el vínculo con el entorno.

Funciones ejecutivas: el “director de orquesta” de la comunicación

Las funciones ejecutivas se encargan de organizar, planificar y regular nuestra conducta. En la comunicación cumplen un rol clave, aunque muchas veces pasan desapercibidas.

Las funciones ejecutivas son las encargadas de que podamos atender, planificar, organizar y regular lo que hablamos y escuchamos.

Este trabajo de “coordinación” facilita la comprensión y una expresión coherente. También que el diálogo se adapté al contexto, controlemos los impulsos (evitar interrumpir al otro mientras nos habla) y el uso de la memoria de trabajo para seguir conversaciones.

Todo eso este trabajo conjunto hace posible una comunicación efectiva y socialmente adecuada. 

Entonces las funciones ejecutivas nos ayudan a:

  • Pensar antes de hablar (qué cosa tan importante veces, ¿cierto?)
  • Organizar ideas de forma coherente.
  • Cambiar de tema cuando es necesario.
  • Adaptar el lenguaje según la situación (no hablamos igual con un amigo que con nuestro jefe, especialmente algo gruñón).

Cuando las funciones ejecutivas están entrenadas, la comunicación es más fluida, clara y efectiva. Por eso, los juegos y actividades que trabajan estas habilidades tienen un impacto directo en la vida diaria.

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Memoria, Atención yFunciones Ejecutivas, pero ¿Cómo las entreno?

¿Cómo las entrenamos?

Bueno, podemos crear ejercicios simples, gamificando actividades de nuestra rutina diaria.

El objetivo que buscamos es potenciar la organización de ideas, la fluidez verbal y la concentración.

Todo lo anterior, nos ayudará al momento de conversar y en muchas otras facetas más de nuestra vida diaria: en el trabajo, al cocinar, cuando vas a comprar al supermercado, en tus múltiples actividades académicas, etc.

Pero nos quedará m{as claro con algunos ejemplos, simples y que puedes hacer en casa, hoy mismo.

Memoria

Crea historias absurdas con 5 objetos que veas en tu cocina. Por ejemplo, el tenedor invito a un grupo de naranjas a ir al centro comercial a mirar platos de porcelana inglesa para al momento del postre del domingo. Repítela mentalmente tras 15 minutos mientras caminas.

En un periódico o un portal de noticias en internet, busca un artículo de noticias, léelo y resúmelo en solo tres frases clave. Recuérdalo al día siguiente durante el desayuno.

Al comprar, memoriza la lista sin papel y verifica al llegar a casa si no te falto nada.

Atención

Mientras lavas platos, enfócate solo en el sonido del agua ignorando pensamientos dispersos, diálogos internos, imágenes, etc. Comienza con 30 segundos hasta llegar 5 minutos (pon un reloj o un cronómetro para medir el tiempo). Verás que no es para nada fácil.

Lee un párrafo de un libro y cuenta las veces que aparece una letra específica (por ejemplo, la vocal «e»). Puedes hacerlo con noticias, emails, etc.

Camina por tu barrio contando solo autos rojos. Añade complejidad, alternando diferentes colores (azules, verdes, blancos, grises). Esto ayudará a la flexibilidad para cambiar foco rápidamente. Esto sería similar a cuando debes seguir un tema en conversaciones grupales ruidosas.

Funciones Ejecutivas

Has una lista 10 tareas del día en orden inverso (de noche a mañana) y reorganízalas por prioridad mientras tomas café, practicando planificación verbal.

Toma un objeto de tu escritorio como un mouse. Tienes 1 minuto para describirlo, pero sin decir «clic», «computadora» o «mueve». Inventa algo como «dispositivo que se desliza para señalar íconos en pantalla». Esto inhibe respuestas automáticas, entrenando la flexibilidad verbal.  Grábate al hacerlo y reproduce la grabación para autoevaluar fluidez.

Conclusión

Como vemos, la comunicación es mucho más que hablar. Es el resultado de un delicado equilibrio entre lenguaje, memoria, atención y funciones ejecutivas.

Cuidar y estimular estas capacidades nos ayudan no solo en el proceso comunicacional, sono en muchas facetas de nuestro quehacer diario.

Escrito por el equipo de Factor Lúdico. Diseñamos juegos, dinámicas y cuadernillos de estimulación cognitiva para adultos mayores — pensados para potenciar memoria, atención y motricidad fina, sin infantilizar a quienes los usan. Conoce más sobre nosotros →

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